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    October 07

    toda la verdad sobre la gripe A H1N1


    Podría continuar así durante horas. Pero me detengo aquí pues el resto de las preguntas irían en el mismo sentido. No tengo tiempo, por ahora, de darles todas las referencias de artículos de los periódicos oficiales (le Monde, le Figaro, el Daily Post, el Journal du Dimanche, etc.), páginas oficiales (de la OMS, de Baxter, de Aventis, de Sanofi-Pasteur,etc.) y de las declaraciones de científicos pro-vacunaciones que he consultado. Encontrarán todo eso en mi página Web de aquí a finales de septiembre. 

     


    Pero les garantizo, palabra de honor, que todas las preguntas que planteo aquí  ¡se basan únicamente en lecturas de documentos oficiales y accesibles a todos! ¡No son  alegaciones, suposiciones o pronósticos de teóricos del gran complot! ¡Eso es lo que hace que resulte urgente plantearse esas preguntas! Y sacar las conclusiones que de ellas resultan. 

    Por mi parte, ya lo he hecho. Y mi posición es clara.
    En otras palabras, mientras no me obliguen a cerrar el pico, continuaré  informándoles. 

    Hay una pregunta, en cambio, que voy a plantear aquí y a la que voy a responder,
    La pregunta es ésta: ¿Cómo es que un virus tan benigno va a matar a millones de personas? ¡Es la pregunta del millón! 

    Pues bien, la respuesta nos la aporta la historia de las pandemias del pasado. La receta es sencilla (en doce etapas, ya experimentadas en 1918 con éxito): 

    1.   Se anuncia que un foco de una nueva gripe acaba de aparecer en Méjico y que es muy grave, ¡pues es un virus animal transmisible al hombre!

    2.   Se anuncia después que han muerto 350 personas en una semana, para rectificar luego y decir que sólo han sido 8. Pero todo el mundo se ha quedado con la idea de que ha habido muchos muertos desde el principio. (¿Esto no le recuerda nada? El 11 de septiembre nos anunciaron por televisión que en las Twin Towers habían muerto de 40.000 a 50.000 personas ―lo que justificaba la cruzada contra las fuerzas del Mal―, después se rebajó el número de muertos a 2.974).

    3.   Se anuncia con gran refuerzo de publicidad cada día que ese terrible virus se propaga a una velocidad increíble por todo el planeta (cuando, por otra parte, ningún laboratorio del mundo dispone de la cepa del virus para confirmar que ese virus es ciertamente el causante y no el virus corriente ―se reconoce, por otra parte, que la gripe porcina no presenta ningún síntoma específico respecto a los de la gripe común―). Entonces, ¿cómo hacen para contar el número de casos?

    4.   Ante la poca virulencia del susodicho virus, se nos anuncia que ese simpático virus va a mutar (¡por fin!) y se va a convertir en algo MUY malo, y que se sabe que va a mutar en una fecha concreta (la de la salida de las vacunas, ¡qué casualidad! ¿no?)

    5.   Durante todo ese tiempo se preparan en laboratorio unos productos de los que se dice que son vacunas, y en los cuales se mezclan dos cepas de gripe porcina, dos cepas de gripe aviar y una cepa de gripe humana (¡un cóctel absolutamente explosivo cuando sea inyectado en el cuerpo!) Además, se le añade (en mayor cantidad que la habitual) algunos coadyuvantes (mercurio, aluminio y escualeno) ¡de gran toxicidad reconocida!

    6.   Poco antes de la salida de las llamadas vacunas (que, en realidad, son armas bacteriológicas), los medios de comunicación nos anuncian con grandes titulares que hay un recrudecimiento de casos de gripe. Incluso si los médicos no se molestan en comprobar si se trata del mismo virus, la gente está tan hipnotizada que ya no reflexiona. Está convencida de que la mutación anunciada está realizándose.

    7.   Se anuncia también que todas las vacunas no estarán disponibles inmediatamente y que habrá algunos afortunados que podrán beneficiarse enseguida, mientras que otros tendrán que esperar hasta cuatro meses ¡para recibir al fin la vacuna salvadora! Obsérvese que, en la cronología de los acontecimientos, ahora estamos en este punto.

    8.   En cuanto salen las primeras armas bacteriológicas disfrazadas de vacunas, las buenas gentes atemorizadas corren a vacunarse voluntariamente, en los centros especialmente preparados al efecto (y rodeados de militares). Aquí, en Canadá, la gente se inscribe en listas de espera ¡para estar seguros de ser de los primeros en recibir la vacuna!

    9.   Tras la inyección de la vacuna, el cóctel preparado cuidadosamente por los laboratorios acarrea la mutación y combinación de diferentes cepas en el cuerpo del paciente, haciendo a los virus verdaderamente mortales. Al mismo tiempo, los coadyuvantes habrán echado por tierra el sistema inmunitario. El Tamiflu será utilizado para provocar una sobre-infección (casos ya observados en algunos países) ocasionando inmediatamente la muerte de la persona. Consecuencia: habrá miles de muertos entre la población vacunada en primer lugar.

    10. Se nos dirá entonces que, desgraciadamente, ha ocurrido lo que se temía: el virus ha mutado en una forma mortal. La causa de los fallecimientos se atribuirá al virus, ¡no a la simpática vacuna que se supone ha de protegernos! Se apoderará el pánico de la población, que reclamará ser vacunada urgentemente.

    11. En vista de la gravedad de la situación sanitaria, en vista de los disturbios que todo ello generará ―por una parte, por los que reclamarán la vacuna por la fuerza; por otra, por los que acusarán a las autoridades sanitarias de genocidas― se declarará el estado de urgencia en todos los países y se pondrá en marcha el plan de vacunación obligatoria.

    12. Los que se nieguen a ser vacunados tendrán que esconderse o desaparecer durante un tiempo suficientemente largo, a no ser que los hagan desaparecer en campos de concentración previstos al efecto.


    Este escenario se lo escribo la noche del 9 al 10 de septiembre de 2009. No lo hago con el corazón contento, en absoluto.

    Les ofrezco aquí una síntesis de todo lo que he leído a lo largo de los últimos cinco meses (dos de los cuales a tiempo completo). Mi objetivo es descodificar para ustedes las informaciones que nos ocultan (aun cuando están disponibles públicamente, busquen por sí mismos en el Google, ¡ya verán!) con el fin de que no cedan al pánico cuando comience la hecatombe. Con el fin de que comprendan cuál es la causa real de lo que verán. 

    Ahora bien ¿qué podemos hacer?, me dirán ustedes. Por el momento, lo que me parece más importante es que difundan esta información a TODOS sus contactos. Imprima este correo, trocéelo si le parece demasiado largo, déselo a todos sus amigos, a sus conocidos. Si son padres de niños que van al colegio, constituyan inmediatamente comités de resistencia a ese plan genocida. Dentro de dos meses será demasiado tarde. Y deben saber que los colegios serán acordonados para poder vacunar a sus hijos. Si ustedes no se organizan ahora, cuando el plan se ponga en marcha, el 15 de noviembre, se encontrarán sin medios. Hablen con los policías y gendarmes que conozcan porque también a ellos se les mantiene en la ignorancia de este plan (¡ellos no serán vacunados con los mismos productos para que no se pongan enfermos!). explíquenles que van a participar, sin saberlo, en un genocidio programado contra la población. Recuérdenles que si los nazis pudieron deportar a tantas personas a los campos de la muerte, fue porque tuvieron el apoyo y colaboración de la policía francesa, que no comprendió lo que ocurría. Hablen también con los representantes políticos, pues la mayoría de ellos no saben lo que se está tramando. Pídanles que no cooperen, que saboteen el plan, que destruyan los ficheros de la población para que el censo de los vacunados y no vacunados se convierta en un rompecabezas. 

    Esta actividad debería convertirse en su actividad prioritaria. Porque la única manera de interrumpir ese plan diabólico es reunir una masa crítica de personas conscientes. ¿No decía Gandhi: «un individuo consciente y de pie es mucho más peligroso para el poder establecido que 10.000 individuos dormidos e inconscientes»? Estoy convencido de ello. 

    En cambio, no pierda el tiempo con los altos dirigentes del Estado, los grandes medios de comunicación y los expertos pagados (comprados) por los laboratorios farmacéuticos. No pierda tampoco el tiempo con los escépticos, ni con los adictos a la pequeña pantalla para quienes lo que se dice en televisión es el evangelio, y nada más merece credibilidad. Desconfíe incluso de su reacción, pues podrían acusarles de querer matarlos al aconsejarles que no se vacunen. 

    Y si tiene usted miedo al leer mi correo, transforme el miedo en acción, en movimiento. Siempre que la humanidad ha dado un salto en su evolución ha sido así: el miedo al fuego se transformó en dominio del fuego, y así fue como el hombre inventó la técnica. Lo que está aquí en juego es muy importante

    En cuanto a mí, soy plenamente consciente de lo que arriesgo al asumir esta posición a pecho descubierto. Desde hace algún tiempo vivo con la perspectiva de que podría ser que no estuviera en este mundo dentro de algunas semanas. Y le descubro a mi existencia una fabulosa perspectiva. A menudo me he planteado la cuestión de manera teórica: «Si me quedara un año de vida, ¿qué opciones realizaría para poder entrar en la muerte con serenidad y sin lamentarlo?» Hoy en día ésa ya no es para mí una pregunta teórica. Y me doy cuenta de que muchos de mis valores se están transformando de manera aún más radical. Y muchas cosas que me preocupaban se han convertido en algo absolutamente secundario… 

    Permanezcamos en pie y conscientes. 

    Les saludo de todo corazón 

    Jean-Jaques Crèvecoeur
    Montréal, 4h 30m de la madrugada del jueves, 10 de septiembre 2009.


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