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    August 20

    UN TUAREG EN FRANCIA: "TU TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO"

      

    UN TUAREG EN FRANCIA: "TU TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO"

     

    Titulo: EN EL DESIERTO NO HAY ATASCOS.
    Un tuareg en la ciudad.

    Tema: Narrativa / Viajes   Isbn: 84-96483-40-1
    Autor: Moussa Ag Assarid
    Editorial: Sirpus
    Lugar de Publicacion: Barcelona
    Fecha de Publicacion: 2006
    Formato: Rústica
    Paginas: 188
    Dimension: 21x15cm
    Peso: 268g
    Precio €: 16.00  
    Descripcion: "Vosotros vivís las horas, yo vivo el tiempo"

    Moussa Ag Assarid lleva el viajar en la sangre. Nacido en el norte de Mali hacia 1975, hijo de padres nómadas y primogénito de una familia de trece hijos, el joven tuareg parte a Francia un buen día de 1999 y cambia los dromedarios de su infancia por el TGV y el metro.
    Siempre en movimiento en busca de gente, Moussa describe en esta obra su fascinación y perplejidad ante el mundo occidental que va descubriendo: su naturaleza, sus habitantes y costumbres y todo aquello que no vemos pese a tenerlo cerca.
    Los comentarios y las anécdotas que cuenta, como la cama del hotel, tan grande que podrían dormir en ella todos los niños de su jaima, el milagro del agua que sale de los grifos, la magia de las escaleras mecánicas y las puertas automáticas... son a un tiempo divertidos y enternecedores, y además muy lúcidos, sin ocultar a veces la decepción por cosas como la falta de tiempo y de calor humano. Su texto, siempre impregnado por su cultura y por su arte de vivir nómada, constituye para los occidentales una ocasión de sonreir pensando en nosotros mismos y en nuestras opciones vitales.

     

    INTENSA SABIDURÍA DE AQUELLOS QUE VIVEN HACIA ADENTRO DEL SER...escuchando el silencio!
    LECCION DIVINA...TODO UN TESORO PARA APRENDER Y APLICAR!

    CON AMOR,

    gloria

     

    TU TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO
    entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a:

    MOUSSA AG ASSARID,

    No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...!


    Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo

    - ¡Qué turbante tan hermoso...!

    - Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.

    - Es de un azul bellísimo...

    - A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...

    - ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?

    - Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.

    - ¿Por qué?

    - Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.

    - ¿Quiénes son los tuareg?

    - Tuareg significa "abandonados" , porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.

    - ¿Cuántos son?

    - Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.

    - ¿A qué se dedican?

    - Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...

    - ¿De verdad tan silencioso es el desierto?

    - Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.

    - ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?

    - Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!

    - ¿Sí? No parece muy estimulante. ..

    - Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.

    - Saber eso es valioso, sin duda...

    - Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!

    - Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?

    - Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!

    - ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?

    - Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...

    - Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...

    - Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.

    - Qué abundancia, qué derroche, ¿no?

    - ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...

    - ¿Tanto como eso?

    - Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien.. Me enseñó a ser yo mismo.

    - ¿Qué pasó con su familia?

    - Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...

    - ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?

    - De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...

    - Y lo logró.

    - Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia...

    - ¡Un tuareg en la universidad. ..!

    - Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.

    - Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?

    - Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!

    - Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.

    - Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...

    - Fascinante, desde luego...

    - Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...

    - Qué paz...

    - Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
     

     

    una segunda entrevista sin referencias sobre quien la realizó extraida de la siguiente dirección web:

    http://www.altairblog.com/usuario/mSalvador/blog/25/conversaciones_con_Moussa_AG_Assarid_Tuareg_hombre_azul

     

    Los  hombres azules deben su nombre al color índigo  de su vestimenta y sobre todo de su turbante. Tonalidad extraída de un colorante vegetal que con el  calor del desierto se  disuelve poco a poco y va tiñendo la piel y protegiéndola de las inclemencias del tiempo. Existen más o menos 3 millones de tuaregs: pueblo de cultura nómada o seminómada que  se localiza en una parte del territorio de Argelia, Burkina Fasso, Líbia, Mali y Níger. Moussa nació en algún rincón del desierto de Mali hace tiempo; este tuareg no sabe exactamente cuantos años tiene porque como él  dice: en el desierto el tiempo es luz, no horas ni  días. Hace unos años decidió viajar a  Europa en busca de fondos. Su sueño era  fundar una escuela para  los niños del desierto y lo ha ido consiguiendo gracias a su tenacidad y la Caravane du coeur.

    Moussa tiene escritos un par de libros: En el desierto no hay atascos y Los niños del desierto

     

    Leyendo el libro me ha dado la impresión de oír al niño que llevamos dentro.

    Con mis palabras he intentado transmitir que la gente se oiga a si misma y reinvente  palabras en desuso como  la bondad, el amor, la felicidad y se olvide un poco de todo lo material, todo lo comprable. Reivindicar los valores del ser no del tener. Cuando pisé por primera vez Europa viví situaciones que me llamaron mucho la atención y esa “virginidad” del que viene del desierto es la que se refleja en el libro.

     

    Ponme un ejemplo

    Cuando vi una película por primera vez no distinguía entre realidad y ficción. Era difícil de entender para mí.

     

    ¿Por qué crees que en occidente nos atrae tanto el desierto siendo un medio tan hostil para el ser humano?

    Porque es el único lugar del mundo junto con el mar donde el hombre se enfrenta cara a cara consigo mismo. No buscamos ni  suplantar a nadie ni ocupar el lugar del otro porque  en el desierto no hay nadie más. Es un lugar donde se encuentra la esencia del ser humano. Uno de los libros que más me impactaron cuando lo leí fue El Principito, de  Antoine de Saint-Exupery, el niño que llega a otro planeta; yo creo que la gente que va al desierto tiene esa sensación de llegar de otro planeta.

    En el desierto la naturaleza se siente, el hombre se da cuenta de lo insignificante que es y piensa: si no tengo agua me voy a morir. Es consciente de ello. Valora una lata de sardinas, no se plantea si está salada o si hay mucho aceite. Come porque tiene hambre y punto.

     

     

    ¿Cómo es el desierto para un Tuareg?

    El desierto es difícil pero te hace sentirte orgulloso de ti mismo, te hace ser consciente. Allí siento que respiro, que la naturaleza me proporciona oxígeno. Aquí nadie se plantea el acto de respirar, nadie piensa en el oxígeno. El tiempo allí es luz…sí, exacto, el tiempo en el desierto es luz.

     

    ¿De qué parte del desierto provienes tú?

    Nací en un lugar  llamado Tilemsy, entre Tombuctú y Gao, en Mali.

     

    ¿Cómo es tu familia?

    Todavía son nómadas, es una suerte. Yo no sé exactamente donde están. Cuando voy  a verles me tomo mi tiempo para encontrarlos.

     

    Háblame de la jornada de una familia tuareg

    Con la luz del sol empieza nuestro día. Los míos decimos que quien no se despierta con el sol, no aprovecha el día. Todos, inclusos los bebes, se despiertan con los primeros rayos del sol. La luz en ese momento es extraordinaria, se ven todos los colores del mundo, se escucha a  los pájaros.

    Tomamos el te durante una o dos horas y nos explicamos qué hemos soñado y cómo preparamos el día.

    En el desierto todo el mundo sabe lo que tiene que hacer.

    Los niños pequeños se ocupan de  los animales pequeños mientras las mamás los vigilan y les hablan de Abaraï Baraï.

     

    ¿Quién?

    Abaraï Baraï, es el animal que impide que los niños se dispersen y se alejen.

    Es un animal de leyenda

     

    Ah! cómo nuestro ogro…nuestro hombre del saco ¿Qué si te alejas se te llevará el hombre del saco?

    Exacto. El papá a su hijo cuando tiene más o menos 8 años le dice que Abaraï Baraï no existe y que vaya a hablar con su mamá. El niño se va a preguntarle a su mamá y ésta le dice que Abaraï Baraï no existe porque se ha ido al cielo y ahora hay que respetar al cielo.

    Entonces es cuando el papá enseña al niño a orientarse con las estrellas, el viento, las dunas…

    Los hombres se van a buscar agua y dar de beber a los animales y las mujeres arreglan las tiendas y preparan la comida.

    Hacia las tres cuando los animales ya han bebido y la familia tiene agua todo el mundo come y de 4 a 6 empieza otro de los momentos mágicos, se toma el te, se contempla la luz, no se habla, habla el corazón y sólo se escucha el bru, bru, bru del te.

    Los animales se recogen alrededor de la tienda, se extrae la leche de las cabras u ovejas y los abuelos y abuelas se quedan con los niños y bebes y empiezan a contarles cuentos mientras las mujeres y sus maridos tienen su momento de intimidad, pueden hablar de cosas que no hacen delante de los niños.

    Qué bonito Moussa

    La noche avanza y se oye de fondo la voz del abuelo o la abuela hasta que de repente muchas veces deja de oírse y te encuentras a todos durmiendo. Las mamás recogen a sus niños y todo el mundo se va a dormir porque nos  levantamos con el sol. Por desgracia ahora los abuelos se mueren antes porque no hay medicinas para curarlos.

     

     

    ¿Y antes había medicinas?

    Sí claro,  la sequía- que también afecta al desierto-  ha acabado con las plantas y hierbas que se utilizaban para curar a los enfermos.

     

    ¿Es posible seguir siendo un pueblo nómada o seminómada?

    Es muy difícil, es necesaria la ayuda de los recursos modernos. En febrero 2007 salimos desde París con una caravana-  La  Caravane du Coeur - con material médico, escolar y vehículos hacia la localidad de  Taboye en el desierto de Mali. Me vine a Europa para conseguir recursos y la hemos repetido en 2009 para conseguir crear un dispensario médico.

     

    ¿Y por qué  a Taboye?

    Porque en el 2002 fundé con mi hermano una escuela,  l’école des Sables (la escuela de Arenas), para que los niños del desierto aprendan a conservar su cultura. Pasamos a buscar a los niños por donde están sus familias, nos los llevamos para que puedan asistir a la escuela y les alimentamos y vestimos con la ayuda de alguna asociación.

     

    Recomiéndame una ruta por el desierto...

    Desde Gao en Mali, seguir el cauce del río Níger y después pasar unos días en el desierto, o también otra posibilidad es ir hacia el País Dogón. De todos modos yo propongo tomar Gao como punto de partida.

     

    Un lugar que no salga en las guías

    No se si sale en la guías pero en Gao  hay un pequeño hotel que se llama Sahara Passion, es muy recomendable porque tiene mucho encanto.

     

    ANÉCDOTA

    La primera vez que pisé Europa estuve una semana en París sin salir de la misma calle. Cuando oía las sirenas me escondía asustado en el Hotel.

     

    Otra

     Pasé por delante de una tienda y la puerta de vidrio  se abría cuando me acercaba y se cerraba cuando me alejaba, primero buscaba a la persona que yo creía que debía estar cerrando y abriendo continuamente la puerta para saber quien era y después empecé a preguntarme  qué querrían  de mí, abriendo y cerrando la puerta a mi paso.

     

     

     

    Lo bueno si breve

     

    De mi infancia en el desierto me quedo con...las canciones de las dunas

     

    París es...el ruido, la bruma, pero también la sabiduría

     

    Si tuviera que empezar de nuevo sería en...no me gustaría cambiar nada, volvería siempre al desierto

     

    Me gustaría visitar...Australia y América latina

     

    Un color...el verde, el de la naturaleza, me gusta la gente con ojos de color verde

     

    Lo mejor del mundo occidental...el hecho de haber inventado el papel y también la comunicación, las tecnologías, la radio.

     

    Lo peor...el estrés

     

    Cuando  viajo nunca olvido...un bolígrafo

     

    El libro  del Principito...es como mi hermano, cuando mi hermano real Ibrahim no está a mi lado el libro me hace compañía.

     

     blog oficial de Moussa

     

     

     


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